Como parte de las acciones enfocadas a elevar la competitividad de las variedades de trigo generadas por el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) en el Noroeste del país, el laboratorio de calidad del Campo Experimental Norman E. Borlaug (CENEB), se asegura de que todas las líneas que se distribuyen cumplan con los requisitos que la industria harinera y semolera demandan.

El trabajo que realiza el equipo a cargo de la investigadora M.C. Gabriela Chávez Villalba es fundamental y de beneficio para todos los eslabones de la cadena agroalimentaria del cereal, es decir, productores, comercializadores, exportadores, industriales y el consumidor final. “Nuestro trabajo consiste en seleccionar a través de diversos análisis las líneas de trigos duros y harineros. El principal criterio que utilizamos es el rendimiento del grano y la resistencia a enfermedades que prevalecen en la región, pero también buscamos que esa variedad que se va a liberar cuente con parámetros de calidad como el rendimiento harinero y semolero, contenido de proteína, la fuerza del gluten, color en sémolas, características que la industria de México y otros países del mundo requieren”, citó Chávez Villalba.

Indicó que en el laboratorio de calidad de trigo del CENEB ha contribuido para la selección de nuevas variedades en los estados de Sonora, Sinaloa y Baja California. En los últimos años se han liberado variedades con mayor cantidad de pigmento en trigos duros, tal es el caso de Baroyeca Oro y Quetchehueca Oro, genotipos que combinan rendimiento y calidad. Mencionó también que las empresas dedicas a la elaboración de pastas consideran que un producto final con mayor coloración es más atractivo a la vista de los consumidores.

Mientras que en el caso de los trigos blandos se busca que produzcan harinas de gluten fuerte con características viscoelásticas adecuadas para la industria panadera y galletera. Dentro de las variedades del tipo harinero que se han liberado para el sur de Sonora la variedad Kronstad F2004, es considerada como la reina de las harinas del tipo blandas, por su alto contenido de proteína y su buena aptitud panadera, señaló la investigadora.

Chávez Villalba precisó que este laboratorio data de la década de los sesenta y el INIFAP sólo cuenta con dos de este tipo en el país. Está provisto con equipo de análisis y los implementos para llevar a cabo la molienda, análisis físico del grano y características reológicas de las masas. “Pero un paso muy importante es poder seleccionar de acuerdo al tipo de proteína del trigo, principalmente en trigos duros que son los que en aproximadamente un 90% se siembran en esta región, sin duda será un logro para esta zona Noroeste e impulsará la competitividad de nuestras variedades”.

El trigo aporta el 20% de las calorías y proteínas que consume la población mundial. Se prevé que para el 2050, la demanda del cereal aumentará un 70% sobre el nivel actual. Por ello, el mejoramiento genético del cereal es fundamental para asegurar que el cultivo sobreviva y crezca a nivel mundial.