La digestión de las vacas genera unas flatulencias que contienen metano, un gas letal para el calentamiento del planeta. (ACN / DAMM)

Las vacas juegan un papel destacado en la lucha contra el calentamiento global. No solo por el coste ambiental derivado de la ganadería, sino también por su propia fisiología. Sus digestiones originan ventosidades que liberan metano, un gas de efecto invernadero 24 veces más potente que el dióxido de carbono.

Controlar la liberación de metano de las rumiantes es uno de los aspectos a tener en cuenta a la hora de establecer medidas y definir políticas para luchar contra el cambio climático.

Las ‘mochilas’ para las vacas ideadas por el INTA para aprovechar el metano. (INTA)
Idearon una ‘mochila’ de plástico que, mediante un sistema de cánulas comunicadas con el interior de la panza de la vaca (el rumen), recoge el gas que generan las digestiones. A continuación el gas se comprime en garrafas que se pueden utilizar como energía “energía calórica, lumínica y motriz”, indica el INTA.

“Una vaca emite alrededor de 300 litros de metano por día, que pueden ser utilizados para poner en funcionamiento una nevera de 100 litros de capacidad a una temperatura de entre dos y seis grados durante un día completo”, explicó en la presentación del proyecto Ricardo Bualo, uno de los técnicos responsables del mismo.

El estiércol de las vacas y de otros animales de granja también propaga metano cuando se descompone. Para minimizar esta reacción, la multinacional Cargill cubre las pilas de estiércol con el fin de capturar el metano que liberan.
Y Danone ha comprobado que añadiendo Omega3 a la alimentación de sus vacas la emisión de metano de los animales se reduce en un 30%. Una aportación al beneficio global que, sin embargo, provoca a la empresa una disminución en la cantidad de leche que producen las vacas.