En la zarzaparrilla hay metabolitos secundarios que cumplen funciones protectoras a nivel de la planta y se pueden transmitir a animales o humanos.

La zarzaparrilla, una planta silvestre que pocos identifican, cobra mayor valor a la luz de los resultados de una investigación llevada a cabo en el Instituto de Química de Recursos Naturales de nuestra Universidad, que evidenció la existencia en este vegetal de altos contenidos de compuestos beneficiosos para la salud de las personas.

A cargo del mencionado estudio estuvo el nuevo doctor en Ciencias Mención Investigación y Desarrollo de Productos Bioactivos, Felipe Jiménez Aspée, cuya tesis le significó alcanzar el citado grado académico. Jiménez precisó que en Chile existen más de 20 especies de zarzaparrillas —Ribes spp— de las cuales la más abundante se encuentra en la Patagonia, que corresponde a la Ribes magallanicum, pero también en el Maule se puede encontrar una especie, la Ribes tribolum, cuya presencia es posible detectar en el sector de Altos de Vilches.

Respecto a las propiedades de este fruto, que se da en forma de racimo, observó que poseen altos contenidos de fenoles. “Se ha visto que los principales compuestos fenólicos son las antocianinas que dan el color rojo a los berries, y se ha descubierto sus propiedades antioxidante y protectora frente a los radicales libres”, relató.
“Encontramos alrededor de 24 antocianinas diferentes, las principales son la definidina y cianidina, que son las mismas que están en las especies europeas que son muy consumidas”, añadió.

Detalló que los fenoles son compuestos de metabolitos secundarios que cumplen funciones protectoras a nivel de la planta y también esas propiedades se transmiten a animales o humanos. Uno de los efectos es antiinflamatorio.
“También es interesante que en modelos de células epitetiales humanas estos compuestos generan citoprotección contra los radicales libres, que son moléculas altamente reactivas que, en condiciones de desbalance o de estrés, tienen la capacidad de inducir daño sobre biomoléculas, lo que puede generar enfermedades crónicas no transmisibles”, explicó Felipe Jiménez. En ese sentido, añadió que las especies de Ribes son capaces de modificar la respuesta de la célula frente a un radical.
Proyecciones

Respecto al valor de la investigación, manifestó que antes de este y otros estudios que realiza el Instituto no había descripción de la bioactividad de los frutos. De este modo, el conocimiento generado es una base para explorar todo un potencial, a través del desarrollo de iniciativas apoyadas por fondos para la innovación, con el fin de producir, por ejemplo, alimentos saludables. Además, la investigación para el desarrollo de su tesis, le permitió generar cinco artículos ya publicados y otro que está pendiente.
Al académico del mencionado Instituto, Guillermo Schmeda, confirmó la posibilidad de desarrollar algunos productos, pero para antes es necesario llevar a cabo formas de protección “porque algunas ideas pueden ser muy creativas pero de inmediato corren en riesgo de ser copiadas”.